Sí. Sé que no es el que maneja los sentimientos. Lo sé. Pero tá. Es mi ídolo. Manejar tus pensamientos me rinde. Lo de los sentimientos…
¿Qué héroe querés ser cuando seas grande? Parte 2
La felicidad dura un instante
Estaba en la agencia, y en determinado momento me vinieron ganas de fumar. Bajé. Prendí el encendedor y bajé la mirada como para embocarle al cigarro. En eso, como en segundo plano, veo la felicidad ante mis ojos. No. No era una mujer. Otras veces me ha pasado, pero no esta vez.
Lo que vi fue ese nylon con gorgoritos. No sé cómo carajo se llama, pero de ahora en más lo llamaré felicidad. Estaba en el piso, así que no daba para agarrarla. La felicidad estaba en el piso, no yo. Otras veces me ha pasado, pero no esta vez.
En fin… Estaba en el piso. Quería tener contacto con ella. Entonces me paré sobre ella, y comencé a afirmarme como para ir rompiendo los gorgoritos. Como era de esperar, fue buenísimo. La doblaba, pisaba poquito, pisaba con todo. Iba jugando con la felicidad. Fui feliz con la felicidad. Pero en determinado momento, la felicidad se fue. Yo fui el culpable. Había pisoteado la felicidad. Otras veces me ha pasado, y esta vez fue una de ellas.
17-10
No puedo dejar esto así
Acerca de lo patético de la vida
Qué buen momento para escribir
El calor que hace afuera es una cosa de no creer, teniendo en cuenta la fecha en la que estamos. No prendí el aire, pero el vientito que entra por una ventana en un octavo piso alcanza. Me pongo a imaginar el viaje de vuelta a casa en el 187, y no quiero experimentarlo. Imagino, pienso y llego a la conclusión del título: qué buen momento para escribir.
En vez de seguir haciendo clicks para cerrar programas, hago click para abrir uno. El Word. Me entusiasmo, y también abro el iTunes. Claro. Si la vamos a hacer, vamos a hacerla bien. Tengo el tic del Control + G para guardar, y cuando me doy cuenta que debo poner Sí, confirmo que me voy a quedar un buen rato escribiendo. Entonces guardo esto en el Escritorio, bajo el nombre de 187.doc. Subo los pies hacia el escritorio, los cruzo, pongo a Lisandro y arranco a escribir. Me felicito a mí mismo: encontraste un buen momento para escribir.
Atrás mío está Mariela. Una divina. Todo bien con ella. Es la que limpia acá en el laburo. Ha sido mi compañera en otras noches reflejadas en este blog. Pero hay veces que no está todo bien con ella. No por ella. Por mí. No quiero hablar con ella. No quiero decirle por qué hace años que no voy a Mercedes, responderle si hay mucho laburo, o comentar acerca del calor que hace. Perdón Mariela, pero si seguís hablando, me calzo los auriculares. Mi cara debió haber transmitido ese aviso, porque Mariela se fue a limpiar otra oficina. Ahora sí, me digo: qué buen momento para escribir.
Es cómico. No sé sobre qué escribir. O sé, pero no quiero escribir sobre eso. Y miro la página del Word, y veo que he escrito más de lo que últimamente estoy escribiendo en el blog. Entonces analizo no escribir sobre nada. Mmmmmm… No me tienta tanto. Me pongo a cantar con Lisandro. Canto dos o tres temas seguidos. Estoy en un buen estado espiritual, por así decirlo. Estoy acercándome a la más básica expresión de la felicidad. Despojado de muchas cosas aburridas y negativas como responsabilidades, compromisos, cuentas para pagar, y pensamientos. No pienso. Las canciones me las sé de memoria. Entonces creo que cierro los ojos. Y canto. En voz baja, sin abrir la boca siquiera. Pero canto fuerte. Me siento bien; en los dos sentidos que tiene sentir. Muevo la cabeza para un lado y para el otro, siempre cantando y con los ojos entreabiertos. En eso, noto que la pantalla de la computadora abandonó el blanco predominante del Word, para dar lugar al negro con el que comienza el salvapantallas. Recuerdo entonces que había encontrado un buen momento para escribir.
El sentimiento de recién, mágicamente se corta, se va. Trato de retenerlo, pero no tengo la más puta idea de cómo lograrlo. Vuelvo a poner el tema que estaba sonando en su momento, pero no tiene el mismo efecto. No había sido buscado, así que sé que no tengo chance alguna de que vuelva. Las cosas que se van no vuelven, sentencio. Le busco un poco la vuelta para ver si eso me lleva a escribir sobre algo. Y sí. Las cosas que se van no vuelven, pero las que no se van, siguen todo el tiempo ahí. Me deprimo un poco. Un poco más. Cada vez más. El cigarro en mi boca está prendido y largando humo, pero yo no lo fumo. No puedo dejar de escribir. Siento que el corazón se acelera un poco, y mis dedos también. No dejan de teclear. Como me ha pasado en otras ocasiones, van más rápido que mis sentimientos y/o pensamientos. Estoy mal, pero eso no inhabilita que éste verdaderamente sea un buen momento para escribir.
Es increíble. El iTunes es inteligente. O al menos perceptivo. Tira “Que todo vuelva” de Lisandro. ¿Para qué? ¿Por qué? Quizás deba dejarme de joder y subirme al 187 del orto, bancarme el calor e ir a mi casa a dormir. Quizás sea lo mejor en este momento. Quizás este no sea un buen momento para escribir.
¿Cuánto mido?
Es extraño. Me está pasando a menudo. Generalmente, cuando me paro frente a un espejo. Pero también cuando abro la puerta de arriba de la heladera, al colgar una percha en el ropero o al buscar un disco en la repisa. Básicamente, lo que me pasa es que me suena que mis ojos ven a distinta altura de lo que comúnmente lo hacen. No sé cómo explicarlo bien. A ver… Digo en relación al objeto frente al que estoy parado. Es como que a veces sintiera que estoy mirando esas cosas parado en puntas de pie, pero sin estarlo. Siento como que tengo una visión nueva de esas cosas comunes. Pero después, vuelvo a sentirme chico. O normal. Alguna vez me pasó a la inversa. Pero no es tan frecuente. Lo usual es que me sienta más alto. Es extraño.
¿Por qué entrás?
En serio me lo pregunto. ¿Por qué entrás? ¿Qué esperás encontrar? ¿Ver cómo me revuelco en mi miseria más propia? ¿Enterarte si soy feliz y vos no la sabés? ¿Algo que hable de vos? Es obvio que todo habla de vos. Pero a la vez, nada habla de vos. Salvo que dejes de entrar a ver qué escribí, nunca nada va a hablar de vos. Pero todo bien. Seguí entrando. Es más. Yo seguramente escriba con la ilusión que vos lo leas. Entonces no puedo decirte que nunca más te des una vuelta por acá. Y tampoco puedo dejar de escribir o borrar este maldito blog que nadie lee. ¿Nadie lee? Vos lo lees, y esa es la forma que más me rinde para decirte lo que no te digo.
Che... el control... ¿alguien lo vio?
Cuando las cosas van en Play, y a veces en FF, nadie pide Pausa. Porque las cosas en Pausa no suelen ser divertidas. Si tenés tiempo para parar, mirar, mirar y remirar, se complica la cosa. Entonces pedís a gritos un Rewind. Y no podés. Lalala me espera en casa. Andrea espera que se me pase mi demencia y aparezca. Y yo no sé si mi demencia va a pasar. Yo qué sé.
¡¡¡No sé por qué!!!
Escribo
Sí. Ok. Lo admito. De todos los adjetivos positivos que hay, bárbaro puntea como uno de los peores. ¿Pero qué le voy a hacer? Estoy bárbaro. Las cosas andan bien. Encuentro pocas cosas de las cuales quejarme. Igulmente, las busco. Y a veces las encuentro. Y adiviná qué... Son las mismas cosas por la que todo puede irse a la mierda.
¿Eso en qué situación me deja? Que definitivamente todo va a andar mal. Y me estresa no saber por donde va a empezar a estar mal. Obviamente, como casi todas las cosas de mi vida, no sé para qué carajo quiero saberlo. Pero quiero. Casi que lo necesito. ¿Por dónde va a estropearse todo? ¿Podría hacer algo en caso de saberlo? ¿Qué hago? Sigo bárbaro.
Pero vos. ¿Cómo estás?
¿Hoy?
"Hoy arranco" me dije. "Hoy es el día". Y no. Mirá cómo no. ¡Las pelotas es hoy el día!
Pero tá. Igual estoy acá. No será el día hoy, pero se viene. En cualquier momento vuelvo a escribir...
¿Qué héroe querés ser cuando seas grande?
Tá. No importa. La cosa es que me pregunto, cada vez que la miro, qué poder me gustaría tener y cómo lo usaría. Y no. No volaría. No. No sería invisible. No. No quiero ser inmortal. Soy tan tarado que me quedo con el que escucha los pensamientos de la gente.
Ese está salado. En la serie, es un policía. Y tá. Medio que al principio le sirve para su profesión. Pero después encara, y lo usa para su vida. Ahí hay una parte de moral y ética que medio la embola, acerca de cómo y para qué deben usar sus poderes los héroes estos.
A mí me chupa un huevo. Yo me muero por saber qué pensás. Qué pensabas. Qué vas a pensar antes que yo haga tal cosa. Saber si puedo cambiar eso que pensás...
En la serie siguen apareciendo nuevos héroes todo el tiempo. Yo la sigo viendo. En una de esas, capaz que hay uno que maneja los sentimientos y me engancha más...
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Quemado
Quemado con lo que soy. Quemado con lo que quieren que sea. Quemado con lo que no es la gente. Quemado con lo que es la gente. Quemado con lo que tengo. Quemado con lo que me falta. Quemado con lo que fui. Quemado con lo que quise ser. Quemado con lo que soy (ups… eso ya lo dije…). Quemado con lo que nunca escribí en este blog. Quemado con lo que no escribo ahora. Quemado con lo que nunca seré.
¡¡Demasiadas preguntas!! ¡¡Quiero un abogado!!
¿Por qué había empezado a escribir en el blog?
¿Por qué volví a escribir en el blog?
Estoy bien
Un extraño toque de color ante tanto gris.
Un hecho extraordinario ante tanta muestra de cotidianeidad.
En fin.
Una decepción para este blog.
Pero bueno. Estoy bien. Y me gusta estar bien. Entonces: ¿por qué no hacer un post donde así lo manifieste? ¿Eh? ¿Sabés que? ¡Lo hago! Hago un post sólo para decir que estoy bien. ¿“muy” dijo alguien por ahí? Ok. Estoy muy bien.
Tengo perchas nuevas
Puede resultar un dato intrascendente para todo el mundo. Es más: seguramente lo sea. Pero no me importa. Me compré perchas y están buenas. Y eso significa mucho para mí. Son 16. 6 rojas y 10 amarillas. Pero amarillas medio tirando a verde. Están buenas mismo. Tienen para colgar corbatas y unas cositas para colgar los pantalones de las presillas. Yo, igual, a los pantalones los doblo a la mitad y los cuelgo del medio. Y muchas corbatas que digamos no tengo... Pero tá. Está bueno que tengan eso. Lo que está bueno es tener perchas nuevas. Es una de las 23 mejores cosas que te pueden pasar. Ahora si que estoy en condiciones de decir que la vida me sonríe. Yupi. ¡Vida del orto! ¡Por suerte me estás sonriendo! Ya era hora, ¿no?
Nunca olvido una cara
No hay nada que me embole más* que ver a alguien en la calle y saber que lo conozco de algún lado, pero no recordar de dónde.
¿Y Luigi?
Buscando respuestas en el diccionario
Desmotivación: Falta de motivación o estímulo
Motivación: Acción de motivar / Motivo o conjunto de motivos
Estímulo: Cosa que estimula / Agente capaz de estimular
Estimular: Hacer que [alguien] tenga deseos de actuar, o de hacerlo más deprisa o mejor
Motivos: Causa [de una acción o de una actitud]
Motivar: Despertar el interés o el deseo de actividad [de alguien]
Causa: Cosa que es principio de un ser e influye sobre él, y de la cual este depende existencialmente / Persona o cosa que hace que [algo] ocurra o pase a existir
Cosa: Designa cualquier objeto existente de cualquier orden que sea, material o inmaterial, animado o inanimado
Alguien: Designa una persona cuya identidad es desconocida o cuya existencia es hipotética para la persona que habla, o ambas cosas a la vez
Creo que apenas llego a ser alguien. Y para peor, alguien desmotivado.
Qué buena banda Pequeña Orquesta Reincidentes
Para muestra, algunas geniales frases de sus geniales canciones:
“sólo mis huesos me hacen creer que estoy de pie”
“¿qué idioma es? ¿qué ruido hablás?”
“pieza difícil para mí. parece que hoy no es el día en que fluyen las cosas entre mis manos y mi respiración”
“pieza difícil para mi. de frases largas ¿para qué intentar en vano tararearla? si mi inspiración jamás te traerá”
“¿por qué no puedo olvidar tu risa? me persigue torturando en sueños como maldición. hoy que no estás aquí estás más que nunca”
“¡de ilusión también se vive! ¡siempre un brindis más! ¡siempre la copa próxima es la mejor!”
“volver a casa y es el viento. pega en la cara y parece que nos están usando el alma”
“vi pasar el día por la ventana”
“miro el reloj. vuelve tu nombre. cierro los ojos y estás otra vez”
“ahora quiero mi espalda contra la pared y ver lo que ven tus ojos”
“si cuando yo me muera lo he de hacer por ti ¿entonces quién se muere, quién se morirá por mí?”
Esto que estás leyendo ya no soy yo
Es raro, pero es así. Todo esto que estoy escribiendo y que se puede leer ahora y se podrá leer dentro de mucho tiempo, es un reflejo de mi persona ahora. Pero dentro de un tiempo, quizás esté totalmente alejado de mí.
Sí. Lo sé. Es cualquierita. Nada. Estaba escuchando Drexler mientras escribía...
No! Al doctor no!
De chico me enfermaba bastante. Problemas pulmonares eran los más comunes. Dolores musculares, principalmente de espalda. Continuo sangrado de nariz. Lesiones varias provocadas por arriesgadas acrobacias en la bicicleta. Y así dale que va. Bah. Como todo niño, creo. La cosa relevante de esta historia era mi permanente negativa a ver un doctor, usar curitas o tomar una medicina.
Sí. Siempre pensaba que nada iba a solucionar mi malestar, y que era al pedo intentar sanar. Las cosas tienen un proceso natural, y el cuerpo es sabio en esas cosas. Entonces tá. Si tenía que pasarla mal, para después pasarla bien, que así fuera. No intentaba adelantar el proceso.
Está bueno. Parece que mucho no cambié en esta veintena de años. Sigo pasándola mal, pero ya no tanto a nivel físico. E intento bancármela de la misma forma. Con la misma premisa que de chico. No hay doctor, ni curita, ni medicamento que solucione mi dolor. No cambié en ese sentido. Hasta ahora.
Muletillas
es bueniiisssimo
ooooooooook
me mueeeero
lalala
leru leru
yupi
y tá
taraaan
jelooou
mmnnoo
lleeveee
Si algo me enseñó la vida...
... es que los hombres entre hombres, son payasos por naturaleza. Entre mujeres, lo son por necesidad.
Hoy no es hoy
¿Hay algo que enseñe más que el fútbol? ¿Hay algo que te de una renovadora visión del mundo constantemente como el amo y señor de todos los deportes? No. Y lo comprobé hoy. Paso a contarte. Aunque primero te pongo en contexto, ¿te parece? Me encantó la idea de que tu cumpleaños no fuera el día que toda la vida lo festejaste. Salado. Me encantó. Es rara la vida. Pero entre todas las cosas raras que hay en ella, lo de los días es muy raro.
Ahora sí pasó a contarte. Ya lo sabía. Pero como pasa a menudo, hay cosas que sabés pero no te detenés a analizarlas hasta determinado momento.
Hoy de tarde estaba escuchando 13 a 0, y hablaban de tener un contacto telefónico con un corresponsal que estaba en Australia. Y que pin, que pan, en una agarran y dicen: Allá en Australia es mañana. Salado. ¿¡¿Entendés?!? Allá es lunes. Y acá, domingo. Es loquísimo eso. Creo que Julio Verne ya lo exploró en La vuelta al mundo en 80 días. Y a decir verdad, no sé si se dio cuenta por jugar al fútbol. No sé. Otro día hablamos sobre él. Hoy no quiero hablar de los Verne. Quiero hablar de los Díaz. De Bruno. De Cameron. De Raquel -una vecina que tenía en Mercedes, que no sé si era Díaz, pero no sabés lo buena que estaba-.
Vuelvo: Acá es un día, y en otro lado del mundo, puede que sea otro. O sea: técnicamente, tu cumpleaños en Australia, seguramente sea al otro día que el que lo es acá. Pensalo. Puede que esa sea la explicación a tu apatía frente a tu cumpleaños. ¿No? Bueno. Tal vez no. Perdón. Quería escribir algo que tuviera que ver con lo que escribiste vos. Y al final no hablé ni de las enseñanzas del fútbol, ni de Batman, ni de Raquel...
¿Sabés qué? Feliz cumpleaños. Y no te pongo Feliz cumpleaños atrasado, porque uno nunca sabe...
Maldito Cow Boy
Me subo al ómnibus hoy, no? Y tuve que tomar una elección súper difícil. (¿Te conté acerca de lo mal que me pone tener que tomar decisiones? Bueno... Por las dudas, te cuento ahora después) Me pone mal tener que tomar decisiones. (Listo... Qué alivio...) Tuve que decidir en cuál lugar sentarme. ¿Por qué los ómnibus no vienen con solo un par de lugares libres? O vienen llenos, o vienen vacíos. Una mierda.
Entonces empecé a caminar, porque para peor, uno no tiene la libertad de pararse en el pasillo y analizar una a una las opciones, porque atrás viene gente. Siempre. O si no, el guarda arranca con el “al fondo que hay lugar”. Sí. Ya sé que al fondo hay lugar. Pero adelante también. Es más. Hay lugares libres por todos lados en tu ómnibus de porquería. ¡¡Y yo tengo que elegir!! ¡¡Dejame en paz!! ¿!¿Qué no entendés?!? ¡¡Ayudame!! Decime dónde me siento...
Pero no. Hay decisiones que las tiene que tomar uno mismo. Carajo. Y yo decidí. Y obviamente, mal. Me senté en los de atrás -en esos en los que vas de costado-. En sí, es un buen lugar. Es lindo ir viendo siempre para afuera. Bueno. A mí me gusta. O bueno. Tengo eso de querer ver el lado positivo a mis decisiones. La cosa es que voy, tranqui, pensando en (¿esto debería ponerlo entre paréntesis? No... Ya he hecho referencia a lo que pienso y no puse paréntesis. Cuando pienso mientras escribo es que debo ponerlos). Mierda. Por pensar me olvidé de lo que iba pensando en ese momento. No importa.
La cosa es que empiezo a escuchar un chic, chic. ¿Me explico? ¿Ubicás ese ruidito? ¡¡El chic chic de un cortauñas!! Yo no lo podía creer. La gente no toma mate en un ómnibus. La gente no saliva en un ómnibus. La gente no habla con el chofer en el ómnibus. Bah. ¿Alguien me explica qué carajo pretenden esas minas que se quedan paradas atrás del chofer, comiéndoles la oreja? Bueno. No importa.
Vuelvo a lo anterior. Había un tipo cortándose las uñas en el ómnibus. ¡¡Vamo´ arriba!! Pero para peor, lo venía haciendo parado, al final del ómnibus. Mierda. Ya no tenía las mismas opciones del principio para cambiar de lugar. Además, me gusta conservar mis decisiones e ir para delante con ellas. Entonces me quedé ahí, ya sin mirar tanto hacia fuera, sino que mirando al tipo, procurando que mis reflejos tuvieran el tiempo suficiente para esquivar una uña voladora. Porque convengamos que si hay algo independiente de nosotros en nuestro cuerpo, son las uñas. Saltan para donde quieran... Siempre. Por más prolijo que sea uno... Un embole. Por eso no me cae mal la gente que se corta las uñas con los dientes. Les quedan para el orto, pero uno con la boca puede dirigirlas mejor hacia donde quiere, y no molesta a nadie que venga sentado enfrente.
Esperá. Sé que esto tenía algo que ver con vos. Mierda. ¿Qué era? Ahh. Ya sé. Te gusta tocar la guitarra, así que capaz te ves tentado a dejarte las uñas largas. Lo que te voy a pedir -marcándote un error por adelantado- es que cuando ya no te guste tocar la guitarra y te quieras cortar las uñas, no lo hagas en un ómnibus. Pero bueno. Tampoco lo hagas comiéndolas. Es un peligro. En una pared del estómago, se te pegan las uñas con los chicles que te comiste de chico, y está todo mal. Todo mal, mal.
Me gustaría decírtelo por experiencia, que siempre da como un mayor valor al consejo. Una onda: “Te lo digo porque a mí me pasó”. Pero no. Yo nunca me comí un chicle de chico. Siempre se me pegaban en el pelo mientras dormía o en la jeta mientras aprendía a hacer globos, pero nunca en el estómago.
Fin. Abrupto. Pero fin al fin.
Panza llena, corazón contento
Estoy hecho mierda. Mal. Destruido. Ojo. Estaba exquisita. Pero estaba... mucha. Por Dios. Exagerada. Bien por Las Tunas. Pero mal por mi inexperiencia y mi mala toma de decisiones.
Ahí me acordé de este popular dicho, que después me puse a analizarlo y entré e a dudar si realmente existía: Panza llena, corazón contento. Supongamos que existe y sigamos con lo que iba. No estoy muy contento ahora, y la panza está a más no poder.
Entonces: ¿para qué carajo sirven los dichos si no reflejan una verdad de la vida? Son peligrosos. ¿Cuánta gente basa su vida, sus acciones, decisiones y actitudes en las frases hechas? Es peligroso. Señor, usted que está leyendo esto de rebote porque estaba buscando una página donde hablaran del verdadero origen de la salsa golf, no confíe en los dichos. Como todos sabemos, son anónimos. Y eso no está bien. Por algo los autores no dan la cara. Vamos!! Usted lo sabe. Así que deseche todo lo que sepa de la vida a través de dichos, frases hechas y demás. Lamento informarle tan secamente esto, pero la vida es más que eso. Ninguna de las cosas que les puedan decir, sirven o se aplican a cada instancia de la vida...
Uia. Perdón. No puedo seguir. Además de bajarme la napolitana entera, me bajé un litro de cerveza.
Jodete!
Habitualmente me sucede que en el ómnibus es donde me pasan las cosas que más me dejan pensando. Éste, y no el tema económico, es el motivo por el cual no me he comprado un auto. Mi vida se vaciaría rápidamente si no me tomara el 187, el 76, el 329, el 546, el 526, el 199, el 191 o el 117. Perdón, en serio, perdón a todos los conductores, guardas y pasajeros de las líneas que alguna vez me pude haber tomado y que en esta reseña no recuerdo. Saben que a pesar de no nombrarlos, están en mi corazón, y estuvieron mucho tiempo en mi mente. Vivo con y por ustedes. No lo olviden nunca.
Ahora sí. Esto fue hace una semana. Me tomé el 76 a la altura de 21 de setiembre y Ellauri. Yo iba hasta Garibaldi y Requena. Por si nunca se han tomado el 76, desde mediados de año empezó a dar una vuelta rara a la altura de 8 de octubre. Un embole. Para mí al menos. Seguro que para los vecinos de la zona no. Pero tá. Si les interesa la opinión de ellos sobre el nuevo recorrido del 76, diríjanse a sus respectivos blogs, y no esperen en éste ese tipo de información. ¿Ok? No jodan. Mierda. Al final, con sus reclamos, me hacen perder. Retomaré lo que venía diciendo:
Ahora sí. Esto fue hace una semana. Me tomé el 76 a la altura de 21 de setiembre y Ellauri. Yo iba hasta Garibaldi y Requena. Por si nunca se han tomado el 76, desde mediados de año empezó a dar una vuelta rara a la altura de 8 de octubre. Un embole. Mucho más largo mi camino a casa. Pero bueno. Eso no me impidió que decidiera viajar parado. Había lugar en el fondo, en la esquinita, y hacia allí fui. Y empecé a observar.
Una oferta de asientos libres invitaba a los nuevos tripulantes a posar sus pompas en ellos. Y eso es todo un tema. Los asientos estaban libres, pero todos venían con un combo especial que incluía un desconocido sentado al lado. Algunos de estos pasajeros que se subieron un par de paradas antes de los que se inician en el viaje, hábilmente se sientan del lado del pasillo, como diciendo “acá no te vengas a sentar”. Otros, ponen sus bolsos, mochilas o hasta prendas en el asiento de al lado, diciendo lo mismo que los otros: “acá no te vengas a sentar”.
Pero bueno. Algunos pierden. Algunos deben aceptar la derrota, acomodarse y dejar pasar hacia el asiento de la ventanilla al nuevo integrante de esta familia tan linda que viaja en ómnibus diariamente. Y está bien que así sea. Mierda. Jódanse. “Yo vengo cansado también” debería decirle la gente. “Yo también tengo derecho a sentarme” deberían decirle otros –no le van a decir lo mismo todos...- Y me embola la actitud que toman.
Bah. Que tomaron en el viaje al que hago referencia. Sí. Me refiero a vos. Sí. Ese de lentes y bigotes. ¿A vos te gustaría que te hicieran lo mismo? No podés pararte, dejando abandonado a quien decidió sentarse contigo e ir en busca del primer asiento libre que quedó. ¿Y sabés qué? Jodete. Te lo tenés merecido. Es más. Cuando subió ese tipo, yo me puse a pensar: Ojalá que lo cague y se siente con él, ojalá que lo cague y se siente con él, ojalá que lo cague y se siente con él, ojalá que lo cague y se siente con él. Y pasó.
Este tipo de lentes y bigotes, que hizo sentir muy mal al muchacho cuando se paró y lo abandonó, se tenía merecido que su búsqueda por un lugar libre fuera frustrada a la próxima parada. Ja! ¿Te creías que todo el viaje iba a tener un asiento para vos solo? No no. Jodete. Es más. Si nadie se sentaba contigo luego de un rato, me iba a ir a sentar yo. Sólo para joderte. Porque te lo tenías merecido. Aunque fuera sólo por una parada, porque tá, en la otra me bajaba.
Y me bajé. Pensando en eso. Pensando en lo vacía que era mi vida ahora que no estaba sobre el ómnibus. Pero bueno. La vida sigue. Sé que mañana me tomaré otro ómnibus. Y sé que ese idiota de lentes y bigotes se tendrá que bancar la compañía de alguien que no le simpatiza, al menos, hasta que su vida se vacíe. Jodete!
Te morís...
Te juro que es así. Si te cuento con lo que soñé ayer, te morís. Pero no te lo voy a contar. O sea: no quiero que te mueras. Sí. Lo sé. Tarde o temprano, te vas a morir. Pero yo no quiero ser responsable de tu muerte. Me imagino en tu sepelio, muy concurrido por cierto, toda la gente preguntándose y comentando “de qué se murió”. Y no toleraré que digan que te moriste porque te conté con lo que soñé. Pero me muero de ganas de contarte. Y bueno... Como es obvio, yo tampoco quiero morirme. Sí. Lo sé. Tarde o temprano, me voy a morir. Pero yo no quiero ser responsable de mi muerte. Me imagino en mi sepelio, poco concurrido por cierto, toda la gente preguntándose y comentando “de qué se murió”. Y no toleraré (y no!! voy a estar muerto!! no toleraré ni muchas otras cosas) que digan que me morí porque no te conté con lo que soñé. Mierda. Vamos a morir!!!!!!!!
¿Me concede su risa?
Lo he conseguido en algunas ocasiones, y es increíble. En esta etapa de mi vida, la sonrisa debe ser lo que más me atrae de una dama. Pasé por diversas etapas donde también me atraían principalmente los ojos. Sí! Obviamente que también prevalecieron en mis gustos los pechos y las pompis. Ahhh. Y también tuve una época donde lo que más me gustaba era el huesito de la cadera... Pah! Increíble ese huesito...
Todas esas cosas me siguen atrayendo (de más está decirlo). Pero hoy por hoy, lo que más me fijo en una mujer es su sonrisa. Y si soy yo quien la genero, ni te cuento... Ni hablar si consigo una efectividad tal que cada cosa que hago o digo logra robar una sonrisa... Pero también es un peligro, no? Eso puede transformarme en un idiota frente a los ojos de la dama en cuestión. ¿Y? ¿Cuál es? Soy un idiota aún frente a mis propios ojos. Pero soy un idiota que hace reír a una mujer. Y como dije al principio, nada se compara con eso.
Témanme palomas, témanme
Es increíble. Mi miedo a las palomas y a su estúpida manera de levantar vuelo me han hecho descubrir algo súper interesante. No está totalmente corroborado, pero podría afirmarse con total certeza que tengo un dominio sobre las palomas. Sí. Tal cual. Domino a las palomas. Haré una brevísima reseña sobre los mojones de este trascendental descubrimiento, sin develar datos confidenciales que puedan llevar a que otros seres humanos adquieran este don.
Usualmente yo estiraba mi mano hacia delante al enfrentarme en mi caminar con una paloma. Con la mano abierta, trataba de interceder -de forma equidistante- entre la trayectoria de la ave asesina y la unión de mis cejas. Nunca tuve que sufrir la desgracia de comprobar si serviría para detener el vuelo de la paloma, pero estimaba que sí.
Las últimas veces he cambiado mi postura, y en vez de tratar de transmitir telepáticamente “paloma del orto: nunca te incrustarás en mi frente”, he comenzado a pensar “paloma del orto: quedate quieta”.
Y está funcionando. Sí. Está funcionando. ¿Y? ¿Ahora? ¿Eh? ¡Palomas de mierda! Ya saben. No se hagan las locas, porque las domino. Les puedo hacer hacer lo que se me cante. Y no me agarren con los cables pelados un día... porque de mala leche que soy, las pongo a comer miguitas de pan del piso de alguna plaza pública.
Reflejo
yoH
...aicnega al ed sevall sal rajed ed abaca em aleiraM euqrop ,odneibircse riuges a yov euq oerc Y .íbircse euq sasoc sal noc otnetnoc yotse yoH
Quiero gritar
A veces tengo ganas de gritar cosas.
No sé por qué.
Pero tengo ganas.
Lanzar máximas irrefutables al viento, sin importarme demasiado si a alguien le interesará escucharlas.
Menos que menos pretendo que alguien las adopte para su propia vida.
Principalmente porque son cosas súper personales que a nadie le interesan.
O a la gente a la que le interesan, no es necesario gritárselas.
Pero de todas formas, algo en mí me invita a gritarlas.
Entonces me planteo gritar por la ventana “Me embola mucho afeitarme”.
A veces voy caminando y me imagino gritando “Hoy me aburrí de mí”.
En casa mismo, estoy acostado y simulo gritar “Quiero apoyar mi cabeza en el huesito de la cadera de esa mujer y dormir”.
Ponele que voy en el ómnibus y podría gritar “Amo cantar”.
Sino, ir a la rambla de Mercedes y gritar “Soy feliz”.
En un ascensor algún día tal vez grite “Sí. Ya sé. Tengo las cejas unidas. Pero no me las voy a depilar”.
Gritarme a mí mismo “Estoy podrido que seas un idiota”.
Sea donde sea, me gustaría gritar “Hago feliz a la mujer que amo”.
Tal vez un grito sería “Me quiero dejar el pelo largo, pero igual creo que corto me queda mejor”.
Gritar ahora de noche cuando esté caminando hacia mi casa “Estoy contento de ser un buen tipo”.
No sé.
Miles de cosas más.
Gritarlas.
Así que ya saben.
Si alguna vez escuchan a un tipo gritar estas cosas, tal vez sea yo luego de haberme gritado “Gritá lo que tengas ganas de gritar”.
Vida del orto... ¿qué te cuesta una sonrisita de morondanga?
¿Es mucho pedir? ¿Eh? En serio te lo pregunto. ¿Es mucho pedir una sonrisa? Una sonrisita de morondanga. ¿Te cuesta tanto? A mí. Sí. A Luigi.
Es simplemente estar atenta a cuando esté pendiente de ti y entregarme una sonrisa. Nada más. Porque convengamos que no siempre espero cosas de vos. Bien que me las sé valer por mí mismo. ¿Eh? Admitilo. ¡Puta! Admití que yo hago cosas para ser feliz y que no siempre espero cosas de vos. Pero no. La señorita se pone quisquillosa con sus sonrisas cuando se las pido una vez cada tanto.
La vida me sonríe... ¡¡Las pelotas!! ¿Dónde carajo está la cola? ¿Cuándo me toca? Ahhh ¿Había que sacar número? Andá a cagar. Ponele que no hace tanto tiempo que no me sonreís, ¿no? Porque tampoco la pavada. Me has sonreído. Pero no seas injusta. Me has sonreído re poco en la vida.
¿Sabés qué es lo peor? La primera vez que me sonreíste pensé que era la mejor sonrisa que podía obtener de la vida. Luego, no me sonreíste por un tiempito, y cuando volviste a sonreir, ¡¡¡upi!!!, era una sonrisa muchísimo mejor que la primera. Muchísimo más plena. Más pacificadora. Más todo. Y así cada vez. Pero ahora...
Creo que ahí radica mi malestar: hoy por hoy me mostrás tu sonrisa como por fotos. ¿Captás la idea de lo que te quiero transmitir? Me decís: Mirá. Mi sonrisa es así. ¿La ves? Es la mejor sonrisa de todas. Y esta es la definitiva. No la mejoraré. Pero no me la das. Simplemente me la mostrás. Me estás haciendo desear. Y eso puede estar bueno, porque me hace sentir que realmente es lo que quiero. Lo que está por detrás de esa sonrisa es lo que más me interesa en la vida, y por eso esperaría tranquilo a que me sonrías. Pero realmente siento que nunca me darás esa sonrisa. Cada vez siento más alejado eso. Por el contrario, siento que continuamente se va dirigiendo hacia un lado equivocado. Entonces soy muy pero muy infeliz. La puta que te parió.
¿Por qué carajo hacés eso conmigo? Yo no te hice nada malo. Al contrario. Soy re agradecido. Los dos sabemos que generalmente yo no te hago estos planteos, sino que siempre es algo como muchísimo más personal, y sin fijarme tanto en como tratás a los demás. Pero no seas mala... Le andás sonriendo a cada hijo de puta... A cada culo roto... Terribles sonrisas... ¿Y a Luigi?
Cada tecla que pulso me convence más de que tengo razón. Si hay otra cosa que los dos sabemos es que no soy para nada egoísta. Cada una de las escasas veces que me has sonreído, yo la he compartido a esa sonrisa. La he potenciado salado. Yo tengo la bendición, que seguramente vos me la diste, de hacerle bien a la gente que me hace bien. Eso no es autobombo ni nada parecido. Vos sabés que no soy así. Entonces, dame esa sonrisita. Sí. Esa que me mostrás. La mejor de todas las sonrisas, que sin embargo, es una sonrisa de morondanga.
Este Día de la Madre, regale un yerno
Se viene el Día de la Madre y eso es complicado para todos los hijos. Se supone que uno sabe lo que le gusta a su madre, pero muchas veces no es así. Entonces no sabemos cuál es el regalo que nuestras madres están esperando. Yo, por ejemplo, no sé qué está esperando mi madre. Pero sé lo que está esperando la tuya. Es por ello que comencé una campaña denominada LUIS GIOIA ES UN BUEN YERNO PARA TU MAMÁ.
Sí, joven muchacha que lees esto. Luis Gioia es el yerno que toda madre quisiera y debería tener. ¿Debo hablarte sobre él acaso? ¿Es necesario que haga una descripción detallada de todas las ventajas que tiene llevarse un Luis Gioia como yerno de tu madre? Sabés que no. Entonces, ¿qué estás esperando para darle esa alegría a tu madre? ¿Eh? No te pido que lo hagas por mí, sino que lo hagas por ella. Ella te dio la vida. Vos, en tu rol de hija, dale el yerno que se merece. Y ese no es otro que Luis Gioia. No esperes más. Es una oportunidad única que no se volverá a repetir.
Análisis pormenorizado de mis gustos por las féminas - Parte 1
Sí. Yo que sé... Me propuse hacer un análisis acerca de las mujeres que me han gustado a lo largo de mi carrera como hombre (jaja. me divierte verlo como una carrera a esto de ser hombre... tal vez en otro momento ahonde sobre el tema). Bueno. Sinceramente, no sé que sacaré de limpio de esto. Pero tá. Me divirtió. Dicen que uno aprende de sus errores. Trataré de identificarlos, así como también hurgaré para encontrar aciertos. Es terrible pelotudez lo que digo, porque por más que tenga una lista de aciertos y errores, no sacaré ningún aprendizaje de allí. O sea: nunca controlé las cosas que me gustan en una mujer. Y estoy seguro que nunca lo controlaré. Pero en fin. Dale que va...
Hoy analizaré edades e iniciales. Arranco por las EDADES:
Dos años y cuatro meses menor. Tres meses y 16 días menor. Un año y poco menor. Y así... Mirá!! Siempre me han gustado mujeres más chicas que yo. Es raro. ¿Por qué será? ¿A qué se deberá? ¿Importa? ¿Para qué carajo estoy analizando mis gustos si no me detengo en estas apreciaciones? (¿Te enojaste con vos mismo?) ¿Seguimos? Siempre me han gustado mujeres más chicas que yo. Punto. Nada más. Estas mujeres, igualmente, siempre han resultado, o al menos parecido, más maduras que yo. Tampoco es mucho decir, ¿no? Pero es verdad. Me las busco (jaja... me las busco...) más jóvenes pero más maduras. Ha de ser para demostrarme que debo madurar. Se llama catarsis. Proyectar en la otra persona lo que uno desea en si mismo. (¿Se llama catarsis?) Es como que admiro en las mujeres que me gustan eso de ser más maduras que yo. Pero esperá. Al final, creo que eso medio que me aburre. Claro. Porque como yo no maduro, no soy compatible con su madurez prematura. Jaja. Qué tarado. Es al revés. Las que se aburren son ellas... En los casos en los que he concretado algo... Las otras son más vivas y ni siquiera se les cruza por la cabeza que pase algo con ellas. Maduras e inteligentes. Me encanta! Pero me fui de la edad. En otro “Análisis pormenorizado de mis gustos por las féminas” analizaré mentalidades. Ahora seguiré con las edades.
Siempre me han gustado mujeres más chicas que yo. Sin embargo, mi primer relación relativamente seria, la tuve con una mina que era mayor que yo. Año y poquito mayor que yo. Pah! Qué loco! Fue la única mina mayor que me gustó. ¿Será eso alguna clave de algo? Mmmmm. No creo. ¿Pero mirá si tiene algo que ver con algo? Una onda: el fracaso de esa primer relación me ha llevado a buscar el amparo en mujeres de menor edad, para evitar repetir similares experiencias. Jaja. Estoy loco. Analicemos las INICIALES mejor...
Aclaro que no listaré por orden alfabético ni por orden de aparición. ¿Sabés qué? Mejor, ni siquiera listaré. Bah. Listaré mentalmente, pero no dejaré evidencia escrita en este post. Veamos... No me han gustado nunca mujeres cuyos nombres comiencen con vocales. Jeje. Buenísimo. En serio. Es buenísimo. Después, sólo una de ellas coincidió con mi inicial. (Che... Medio embole esto de analizar las iniciales... Un par de cositas más y vamos terminando, ¿dale?) Una cosa que está buena y que sirve para la estadística es que me gustan de la segunda mitad del abecedario más que de la primera. Muchísimo más. Sólo un par son de la primera mitad. Y además, ambas son de la misma letra. ¿Qué mas con las iniciales? Bueno. Justamente eso: hay iniciales que se repiten. Salado. Las iniciales de las mujeres que me han gustado son re pocas. Y hay una que se repite mucho. Mmmmmmm. ¿Querrá decir algo? Jaja. Qué tarado. Se suponía que este análisis serviría para dilucidar ese tipo de cosas. Pero tá. Veo que sirve para enumerar más que para analizar. Debería haberlo titulado Enumeración pormenorizada de mis gustos por las féminas - Parte 1.
Bien
Me estoy dominando a mí mismo. No estoy cambiando tanto de estados de ánimo como antes. Y eso está súper bueno. La cagada cuando será cuando haga un posteo titulado “Mal”. Porque para volver a estar bien seguramente estaré un buen rato. Pero bueno. Hoy por hoy esto se titula “Bien”.
Estoy experimentando cosas que nunca en mi vida había experimentado. Cosas de mierda. Pero la alegría de estar atravesando algo por primera vez está bueno. Es como que siento que estoy aprendiendo nuevas cosas de la vida. Me alegra bajarme de mi ego y darme cuenta que soy un pendejo de mierda que no sabe nada de la vida. Que viví miles de cosas, pero no todas. Que tengo miles de cosas por vivir que van a estar muchísimo mejor que las vividas. Me alegra haberme convencido de una vez por todas que cuanto menos espere de esas cosas, van a estar mejor. Me estoy dejando sorprender. Y aunque me lleve sorpresas feas, el hecho de no habérmelas esperado me gusta. Es raro. Pero tá. No me importa. Me di cuenta que no controlo mi vida. Me controlo yo, y trato de controlar cómo actuar frente a las cosas que me depare la vida. Pero cuando me pasen. No a priori.
Mi vida siempre fue como súper matemática. 1 + 1 siempre era 2. Y guarda con mi depresión si llegaba a dar 3. Un bajón anímico de aquellos. Y para peor, generalmente daba 3. O daba 1,8. Pero yo seguía con mi estúpida idea de que tenía que dar 2. Las cosas que he vivido me han demostrado que nada de lo que yo pensaba que daba 2, ha dado 2. Entonces estaba mal. Muy mal. Pero ahora estoy bien. Y el estar bien me permite disfrutar de cosas distintas. Cosas que en mi planteo matemático de la vida no entraban.
Esa linda sensación de hacer algo por primera vez está siendo muy frecuente. Estoy caminando mucho. Camino por calles que nunca en mi vida había caminado. Y me encanta. Me encanta darme cuenta. Me encanta sorprenderme con eso. Me encanta colgarme a pensar si en verdad nunca había caminado por allí. Me fascina eso. Con las palabras me pasa lo mismo. Hoy escribí por primera vez en mi vida “arrorro”. Y me encantó. Bueno. Me pasó lo mismo con “grageas”... Tanto, que decidí titular este blog con esa palabra. Ahora por ejemplo se llamaría “Arrorro para todos”. Pero tá. Me embola un cacho cambiar una marca tan institucionalizada y reconocida por mi público (ja! que tarado). Me perdí.
Ahhhh. Las cosas que hago por primera vez. Las cosas que me pasan por primera vez. Las cosas que siento por primera vez. Es buenísimo. Más allá que las calles por las que camino, y a la hora por las que camino por ellas, hagan que me cague hasta las patas, me hacen sentir bien. Más allá que las cosas que me están pasando me hacen sentir como la gran mierda, me hacen sentir bien. Más allá que las cosas que estoy sintiendo son increíbles e irremplazables, me hacen sentir bien. Estoy bien.
Soy Luigi. Estoy tratando de ser Luigi. Y tá. Estoy siendo lo que quiero ser. Hay un pequeño detalle que es que lo que quiero ser, no está tan bueno. Pero tá. Me jodo. Me domino, y no me pongo mal por ello.
Mentira!! Mierda!! Ahora medio que me puse mal... Chau!!
Divertite sola entonces
La gente nunca me decía “Che, qué bueno está ese buzo”. O “Me gusta esa remera”. Ni hablar de un “Qué bien te queda ese pantalón”. Pero de un tiempo a esta parte, no sé bien por qué, me empezó a pasar eso. Entonces debí acostumbrarme a responder esas apreciaciones. Para saber qué era lo correcto, empecé a elogiar la ropa de los demás. ¿Y con qué me encontré? Con que la gente te responde “A las órdenes”. ¿Entonces que empecé a hacer? A cada frase positiva sobre mí, respondo “A las órdenes”. El sábado salí a bailar y me encontré con una conocida de mis años en Mercedes. Medio que no confirmábamos que nos conocíamos, hasta que sí. El tiempo cambia a las personas. Pero tá. Ese no es el punto. Cuando me di cuenta que era, me copé. Hacía tiempo que no la veía, y había miles de cosas por contarnos. Entonces viene, me saluda. Yo la recibo, la saludo. Que pim, que pam y ella que me dice “Che! Estás re bien... Re flaco”, a lo que yo le respondo “A las órdenes”. No sé. Me miró súper raro y se fue a la mierda.
El secreto del dentista
Un bajón. Todo lo que me copaba de los distintos aparatejos que usaba el dentista, se fue a la mierda. De chico me re colgaba pensar cómo funcionaba todo. Para qué servía esto. Para qué servía aquello. Cómo hacía el dentista para prender el torno si no tenía botón alguno. Ese coso que tiraba agua y aire... Increíble. La luz que tenías de frente pero no te encandilaba. Ese espejito... El cañito chupa saliva. El olor de la pasta. La sensación de la anestesia. Todo era un mundo intrigante para mí. Pero ya no. Perdió toda la magia. Ya sé cómo son las cosas. Algunas me di cuenta solo. Otras, la dentista a la que voy ahora me las enseño. Una mierda. Me acabo de dar cuenta que la vida es como una visita prolongada al dentista.
Hoy me mojé
Hace tiempo que no ando en bicicleta
Escritura a rolete
Ojos: no censuren. No sean cortamambos. Dejen ser. Arranquemos...
Mi vida hoy por hoy
¿¡¿Por qué?!?
Todo es raro. No lo entiendo. O al menos no me convendría entenderlo. Aunque en verdad lo entiendo perfectamente, me sirve no entenderlo. Bah. Hacer de cuenta que no lo entiendo. Es mejor así. Me hago el sota y espero a que se me pase. Otra cosa no puedo hacer. Mejor dicho: otra cosa no debo hacer. Sin duda que lo mejor es esperar a que se me pase. A veeeer. ¿Ya se me pasó? No. ¿Ahora? No. Mierda!! Se me va a complicar. No sirvo para engañarme. Más que pretender no entender lo que me pasa, debería lograr que no me pase lo que me pasa. Pero tá. Me pasa. Mierda. Salgo de una para meterme en otra, para meterme en otra y para meterme en otra...
Charla conmigo
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-Hooooolaaaaaa!
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-¿No me vas a hablar?
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-¿Qué te pasa?
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-Mirá que me voy...
-¡Pará, histérico! ¿¡¿No me veías que tenía la boca llena?!?
Charla conmigo
-Sí. Mucho.
-Ja! Te gusta Drexler, te gusta Drexler, te gusta Drexler...
-¡A vos también te gusta Drexler!
-Sí. Pero es mas divertido burlarse de los demás. Te gusta Drexler, te gusta Drexler...