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Gemérides

29.7.10
Dame 150 de jamón
Viendo un recetario que estamos haciendo para un cliente de la agencia, me colgué a analizar la palabra "feta". Es rara.
A veces me pasa eso con las palabras. De tanto decirlas o leerlas, comienzan a perder sentido para mí. Empiezo a buscar su etimología y me voy por las ramas en lo que al proceso mental se refiere, terminando por dudar de la verdadera existencia de la palabra en cuestión.
En este caso puntual, me di cuenta que coincide perfectamente con el femenino de "feto", lo que me generó cierta repulsión.

Gemérides

10.5.10
Este chiste por escrito no tiene gracia
-Me siento un poco mal... Voy a ir a la farmacia a comprarme un Sinutab.
-¿Sinutab?
-Me compro otro.

Gemérides

2.5.10
Algo nuevo sobre mí
Me da miedo la gente que se va riendo sola por la calle. Mucho miedo. Por la calle, en el ómnibus o sentada en una plaza. ¿De qué se ríen? ¡La puta madre! ¿Justo cuando paso yo por delante de ustedes tienen que acordarse de aquel chiste de la aceituna y la miel? ¿Cómo? ¿Que cuál es el chiste de la aceituna y la miel? ¡Yo qué carajo voy a saber! Pregúntenle al pelotudo que lo recordó cuando se cruzó conmigo caminando por Garibaldi. Me mira y se ríe. ¡Eso no se hace!
Que yo sepa no camino raro ni tengo ninguna deformidad evidente. Igual, en ese caso sería mucho más grave su risa. Pero me suena que no. Entonces uno evalúa posibilidades circunstanciales: me cagó un pájaro y no me di cuenta del adorno que tengo en la cabeza. Lo pensé, pero me pasé la mano y noté que no. Ok. Ya sé. Llevo la bragueta baja y se me ve el calzoncillo con corazones. Tanteo y descubro que no. Además, mala leche al hacerme pensar en eso, porque me confunde al pedo. A ver… ¡yo sé que no tengo ningún calzoncillo con corazones!
Y entonces sigo la inspección, porque esta risa dedicada no puede pasar inadvertida. Los mocos están todos fuera de la línea de visibilidad de cualquier persona que mida más de metro cuarenta. Después, mi pelo sigue en su lugar y con su color habitual, que no es gran cosa, pero al menos no lo considero gracioso. ¿¡¿De qué mierda te reís?!? ¡Sos cagón además! Parame y decímelo de frente.
Seguro que estás complotado con la rubia aquella del bondi. Los asientos de atrás, en los que vas de costado y mirando hacia el pasillo, son propicios para este tipo de situaciones. En verdad, generalmente uno suele dirigir la mirada hacia el piso o lo más lejos posible de la persona que tiene enfrente, buscando unos centímetros de ventana.
Pero esta rubia pelotuda no tenía ganas de aceptar estos acuerdos tácitos de convivencia. Y me miraba y se sonreía. Uno podría ilusionarse y pensar que me estaba tirando onda. Pero yo no me como ninguna: sé que por suerte no tengo ningún aspecto que cause gracia a primera vista, pero tampoco amor ni deseos desenfrenados de tener sexo. Normalito. Un tipo que tuvo que laburar para conseguir lo que la vida decidió cederle.
Así que hija de puta, no voy a pensar que querés conmigo. No no. Ningún ningún. Te estás riendo de mí. Lisa y llanamente. Y eso está mal. Porque bien que yo podría estar riéndome de vos, pero no lo hago. Fea la actitud. Todo el viaje en el 187 pensando que tenía lagañas o gotas de pis en la entrepierna.
Pero no. La inspeccioné para ver si entre su larga cabellera platinada se escondían unos auriculares que me indicaran que alguien en la radio la estaba haciendo reír. No los encontré. Así que no resistí más y me bajé como 5 paradas antes. Al bondi se lo llevó puesto un camión en la cuadra siguiente. ¡Justo en la zona donde estaba ella! Jeje.
Fue simplemente en mi imaginación, pero alcanzó para que una mueca se dibujara en mi cara y me acompañara durante mi caminata hasta el trabajo. Y los que se cruzaron conmigo se habrán preguntado intranquilos “de qué carajo se ríe éste”. ¿Y saben qué? ¡Jódanse! Yo tampoco voy a averiguar nunca de qué se reía la rubia o qué le dijo la miel a la aceituna.

Gemérides

16.3.10
Señales sin instrucciones
Iba volviendo a casa caminando por Boulevard. No tenía que comprar nada puntualmente, pero al pasar por un kiosco, algo me dijo que tenía que entrar. No tenía muy claro qué responder cuando me preguntaran "¿te puedo ayudar en algo?", pero me tenía sin cuidado. Algo se me ocurriría. Dentro del kiosco, descubro un mundo mucho más atractivo que el insinuado desde la fachada. Era lo visual contra lo auditivo. ¿Cómo explicarlo?
Desde alguna radio o viejo cassettero, sonaba la desvalorizada canción "Entre la línea del bien y la línea del mal" de los olvidados "Donato y Estéfano". Me prometí a mí mismo quedarme en el kiosco hasta que terminara, sin la necesidad de hacer otra cosa que escucharla. La canción terminó y me fui, sin comprar ni preguntar nada.
No entendí mucho, pero estoy seguro que fue una señal de algo.

Gemérides

11.2.08
Charla conmigo
-Che… ¿Te volviste a dormir?
-¿Qsdgniurweqt?
-Uia… Estabas dormido…
-¡Qsdgniurweqt!
-Dale. Vení. Despertate. Me aburro sin vos.
-Qué ladilla que sos. ¿Para qué me querés?
-No sé… Para charlar…
-No me jodas. Ponete a escribir algo.
-¿Decís?
-Sí. Lo que quieras. Pero no me jodas más.
-Che… Qué mala onda resultaste ser…
-¡Qsdgniurweqt!

Gemérides

26.6.09
Divertite sola entonces
Sábado al mediodía. Me vinieron ganas de comer en McDonald´s. Me pegué un baño rapidito y salí. Mis expectativas se resumían a una cuarto de libra con queso, unas papas medianas y una Fanta. Nunca supuse que me encontraría con ella. Menos que menos, que estaría sentada almorzando sola. El local era vidriado, así que desde antes de llegar ya la había descubierto. Pero me hice el indiferente.
Hice el pedido y me negué como de costumbre a agrandar el combo, pero me agrandé yo. Con mi bandejita, me acerco a su mesa e ingeniosamente le pregunto “¿querés acompañar tu almuerzo con un chico buen mozo sin cargo extra?”. Ella justo tenía la boca llena, así que no contestó. Apenas si me miró. Pero matanga: el que calla otorga.
Me senté frente a ella y me dediqué a desenvolver mi hamburguesa. Le dediqué una mirada acompañada de una sonrisita seductora. Bah… Al menos eso pretendía. En verdad, creo que frente a sus ojos resultó patética. Pero a mí no me importaba. O sea… Finalmente se me estaba dando lo que yo tanto anhelaba: comer con ella. Papa va, papa viene, pero ninguna palabra. Yo estaba tan nervioso que no sabía qué decir. Mi cabeza me hizo creer que a ella le pasaba lo mismo. Para mi parecer, ella estaba anonadada por mi presencia.
De repente, aún sin abrir su hamburguesa, ella se para y me habla por primera vez en todo el almuerzo. “Voy al baño y vuelvo” me dijo. Capaz que me dijo solamente “voy al baño”. No recuerdo… Pero yo me quedé esperándola. Los minutos fueron pasando. Las mesas de al lado se iban vaciando a la vez que llegaban nuevos comensales. Cuando éstos también se iban retirando luego de comer, me entró una duda… Capaz que ella no volvía nunca más… Que simplemente había agarrado sus cosas y me había abandonado.
Más tarde reparé en el detalle de que al pararse tomó su abrigo y su cartera, pero en su momento yo había supuesto que se debía a esa costumbre de las mujeres de llevar todo al baño. Listo. “No vuelve” pensé. “Yo me le como la hamburguesa” decidí. Cuando la desenvuelvo, descubro que la muy puta había elegido una McNoséquéporongaconlechugaytomate. ¡No me gusta! Derrotadísimo, todavía tengo que bancarme al pibe de la limpieza que gentilmente me pregunta “te levanto?”. Aunque obviamente se refería a la bandeja con los restos, igual le respondí “¡Levantame sí, pero a mí del piso, pelotudo!”.

Gemérides

17.6.10
Para eso me invitan
Descubrí mi misión en las fiestas: ser el que inicia los trencitos. Y no te digo cuando empieza a sonar "Violeta". No no. Ahí cualquiera arranca. Yo te lo armo con un tema que a priori nada que ver. Además, soy el que va sumando a la gente tímida que lo ve pasar y no se anima a meterse. ¡¡Un éssito!!

Gemérides

¡¡Llegaron las gemérides!! ¿Se entiende? Son comos las efemérides, pero como son de las grageas, son gemérides. ¿Me explico? Cambio "efe" por "ge". ¡Es tremendo! Bueno... En fin. La idea es gragear algunas grageas antiguas que cumplen años. No sé muy bien por qué, pero tá... Me puse nostálgico...

17.6.09
Cosas que nunca me pasaron y que hay pocas chances de que me pasen
Despertarme un día y descubrir que sé hablar en ruso.